El sí a la autonomía está obteniendo una amplia y clara mayoría.

Foto: El Deber, de Santa Cruz, Bolivia.
En muchos aspectos hay dos Bolivias. En la región oriental, en
la Paz, específicamente, hay toda una cultura de echarle la culpa a los
demás de todo lo malo que les pasa. Que el gobierno, que los
empresarios, etc. Con respecto a Chile, la diferencia es clara y
profunda. En la Paz se encuentra un sentimiento antichileno alimentado
desde las escuelas, atribuyendo la pobreza del país a la pérdida del
litoral, producto de una guerra ocurrida hace más de cien años. Donde
quiera que se vaya, la gente habla de lo mismo. Se hacen ceremonias,
encuentros, hay incluso hasta un museo dedicado a esto.
En la
región oriental, en cambio, parecen tener un espíritu más emprendedor y
asumen que con trabajo y energía se puede lograr el progreso. No es su
ocupación el tema de la guerra con Chile que quedó en el pasado, Los
chilenos son muy bien acogidos y los miran como excelentes socios para
construir un país mejor. Realmente parece otra Bolivia.
Esto es,
naturalmente, una generalización, ni he realizado ninguna investigación
sociológica tampoco. Son las impresiones de un viajero que ha estado
varias veces en ese país.
Es un reflejo de la actitud que tienen
las personas que tienden a vivir en la mediocridad, mientras culpen a
los demás de lo que les pasa. La gente emprendedora toma el mando de su
vida, se libera del pasado y se da cuenta que el futuro se puede
construir por sí mismo, que los cambios de actitud provocan grandes
transformaciones en el futuro. Cada uno es responsable de lo que le
pasa y asumirlo, lo libera, porque ya no le hace depende de los demás
ni de las circunstancias. Se descubre que hay muchas oportunidades a
disposición para mejorar la calidad de vida.
Es también la diferencia entre mirar el vaso como medio vacío o medio lleno.
Se
comprende el anhelo de la región occidental de Bolivia de lograr más
autonomía ante un gobierno en La Paz que no logra hacer crecer el país
de manera sostenida, y que se mueve en acciones demagógicas producto de
una población que es mayoría, pero que no tiene mucha cultura, siendo
presa fácil de los discursos populistas. Esta situación no tiene
ninguna relación con ser un país mediterráneo. El mundo está lleno de
ejemplos de países en esa condición que han logrado grandes progresos,
incluso sin la enorme riqueza con que cuenta Bolivia.
También se
entiende que el gobierno central no puede aceptar un desmembramiento
del país. Parece aconsejable escuchar a las provincias orientales,
darles más autonomía y aprender de una actitud mental más positiva.
Sergio Valdivia
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